Que la utopía deba ser condición también de un arquitecto está fuera de toda duda. En cada época, los visionarios de la arquitectura, los tildados de vanguardistas, los adelantados, e incluso los psicóticos en su imaginería son los que han realmente aportado los mimbres con que entrelazar las quimeras y los sueños que han hecho avanzar a la arquitectura a lo largo de la historia.
Recuerdo una exposición que, en los finales de los ochenta, montamos en el Colegio de Arquitectos de Valencia. Se titulaba "UTOPIA Y REALIDAD" y quedamos sorprendidos cuando, entre paneles y bambalinas, constatamos que la mayoría de las obras entonces seleccionadas, y los pensamientos que habían dado a luz a ellas, se basaban en planteamientos mayoritariamente utópicos, incluso irrealizables en su día, pero que con el silencioso devenir del tiempo conseguían convertirse en asentados y aceptados e, incluso, clásicos.
Y así, desde las increíbles arquitecturas de los arquitectos egipcios con sus megalómanas pirámides, pasando por los maestros constructores del románico y del gótico con sus esotéricas trazas, por los iluministas revolucionarios del siglo de las luces con sus delirios de radicalidad permanente y por los arquitectos de las vanguardias de principios del siglo XX, con su ideal de transformación de la sociedad, hasta llegar a las arquitectura contemporánea, siempre ha sido la vena utópica la que ha producido los progresos y los adelantos más significativos.
Basta recordar algunas figuras notorias como las de Erneau, de Fisolini, de Piranesi, de Boullé y
Ledoux, de Marinetti, de Archigram, y hasta del mismo Niemayer
o de Le Corbusier para comprobar como tuvieron su registro utópico que luego fructifico en
arquitecturas que hoy nos parecen lógicas y razonables.
Pero en el camino también se han quedado muchos arquitectos a los que
el momento, la coyuntura social, o la económica no les fueron propicias y que
encallaron con sus utopías en la decepción e incluso en el olvido.
Este es el caso del olvidado Berthold Lubetkin, arquitecto injustamente encasillado en segunda o tercera fila del movimiento racionalista y que solo tras su rescate por Leonardo Benevolo en su libro "Historia de la Arquitectura Moderna", en 11975, (aunque apenas le dedica cinco lineas) comenzó a tener el reconocimiento merecido y a situarse como uno de los arquitectos "utopicos" cuyo empuje alentó muchos de los principios que constituyeron la vanguardia funcionalista.
Este es el caso del olvidado Berthold Lubetkin, arquitecto injustamente encasillado en segunda o tercera fila del movimiento racionalista y que solo tras su rescate por Leonardo Benevolo en su libro "Historia de la Arquitectura Moderna", en 11975, (aunque apenas le dedica cinco lineas) comenzó a tener el reconocimiento merecido y a situarse como uno de los arquitectos "utopicos" cuyo empuje alentó muchos de los principios que constituyeron la vanguardia funcionalista.
Berthold Lubetkin, tal como el mismo comentaba repetidamente, afrontó su vida y su pensamiento desde la propia contradicción de "haber nacido en un mundo, probado en otro
y abandonado en un tercero". El primer mundo correspondía a sus años revolucionarios en Rusia, el segundo al de su plasmación de los ideales del
Movimiento Moderno en Gran Bretaña, y el tercero a su abandono y ostracismo por
la sociedad de su momento, y especialmente, por la clase conservadora inglesa.
Natural de Georgia, donde nació en 1901, vivió los caóticos años de la
revolución bolchevique y a ella se apuntó en cuerpo y alma. Se traslada en
1917 a Moscu siendo sus primeros pasos los de escultor, si bien, pronto se siente atraído por las nuevas técnicas industriales que la misma revolución incorpora y así las aplica en el diseño de objetos domésticos de uso diario.
Son los años en los que cree firmemente en el constructivismo y en el cambio de
la sociedad mediante las artes.
Pero, por su espíritu inquieto, pronto se siente asfixiado en el ambiente
totalitario de la misma revolución y emigra en 1922 a Berlín, donde entra en
contacto con los artistas que allí también luchan por la nueva modernidad como
Paul Klee, Thomas Mann o Geoge Grozz. Diseña, entonces, tapices, y al tiempo, empieza a
conocer las nuevas técnicas del hormigón armado. Se traslada, a continuación,
a Varsovia donde estudia Arquitectura para desembarcar, en 1925, en Francia
donde aprende junto a Perret la honestidad estructural y el rigor del hormigón armado.
También es entonces cuando descubre a Le Corbusier y queda impactado
por L'Esprit Noveau.
En Paris le surge la oportunidad de realizar la decoración de un club
nocturno "El Club del Trapecio Volador" donde comienzan a germinar
sus ideas. Junto con Jean Ginsburg diseña, para el padre de este, su primer
edificio de viviendas en la Avenida de Versalles, donde implanta el estilo purista y funcionalista sin ninguna vacilación.
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Club El Trapecio Volador. Paris. 1926. |
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Apartamentos Avd. Versalles. Paris. 1927. |
La casa Harari, en 1931, es allí, su primera obra. En Gran Bretaña contacta con
los arquitectos emigrantes europeos de la vanguardia, tales como Gropius y
Maxwell Fry, siendo definitivamente un acérrimo defensor practicante de racionalismo
moderno.
Convencido del rédito del trabajo en común, no duda en crear junto con
Skiner, Ladasum, Samuel y Drake el grupo Tecton, equipo adalid de las nuevas
corrientes que luego desembocaran en el Estilo Internacional.
El impetu del
grupo Tecton, con Lubetkin a la cabeza, hace que por primera vez los entes públicos ingleses realicen un encargo a
un grupo tan radical y totalmente lanzado hacia la modernidad.
Así se les encomienda, para el Zoo de Londres,
la Casa del Gorila y posteriormente la Casa de los Pinguinos, en donde mediante
finas rampas de hormigón deslizantes, pantallas giratorias y pasarelas de doble hélice consiguen plasmar una nueva forma de mostrar a estos animales en un hábitat más respetuoso y acorde con sus necesidades.
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Casa del Gorila. Zoo de Londres. 1932.. |
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Casa de los Pinguinos. Zoo de Londres.1933. |
En 1935 Tecton gana el concurso de viviendas que será conocido como el edificio
Highpoint I, y posteriormente construirán el Highpoint II. En ambos se implantan los
principios de la Carta de Atenas mediante el diseño de pilotis en planta baja,
la liberación de las fachadas para colocación de las "fenetres en
longeur", la recuperación de la cubierta como una parte más del
"promenade" a realizar en el mismo, así como el resto de todos
las axiomas que el funcionalismo de Le
Corbusier había impuesto.
Su hito más significativo se consigue cuando, de nuevo, por los entes públicos se les encarga en 1936 el Centro de Salud de Finsbury.
En el vuelcan todo el arsenal de las ideas higienistas de recuperación y transformación individual y colectivo que el Movimiento prometía. Ventilación, luz, paneles de vidrio. Un programa funcionalista y acorde con la nueva era. Fue, tal vez, su mejor edificio.
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Centro de Salud de Finsbury. 1936. |
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Pero la Guerra lo arrasó todo y ya nunca volvió Lubetkin a recuperar
su ilusión y posición. Disuelto el grupo Tecton, aún realizo entre 1944 y 1947
un edificio de viviendas en Holford Square y una remodelación de locales, ambas en
Dorset.
Ocurrió, entonces, su mayor decepción y el principio de su descenso, con el nombramiento como
proyectista de la nueva ciudad de Peterlee, con una
capacidad para 30.000 habitantes, al sur de Londres,
En este proyecto volcó todo el poso que había ido asentando con los años y puso en práctica todos los principios de zonificación e higiene que los principios del Movimiento Moderno señalaban para el nuevo hombre y para la nueva sociedad. Optimista en un principio, durante su ejecución se vio envuelto en una batalla sin fin por la falta de presupuesto y por la intervención capciosa y directa de los políticos de turno. Dimitió en 1949. Tras ello se refugia en Glocestershire, donde amargado y olvidado, residió hasta su muerte en 1990.
Marginado por la clase dominante jamas recibió encargo alguno.
En este proyecto volcó todo el poso que había ido asentando con los años y puso en práctica todos los principios de zonificación e higiene que los principios del Movimiento Moderno señalaban para el nuevo hombre y para la nueva sociedad. Optimista en un principio, durante su ejecución se vio envuelto en una batalla sin fin por la falta de presupuesto y por la intervención capciosa y directa de los políticos de turno. Dimitió en 1949. Tras ello se refugia en Glocestershire, donde amargado y olvidado, residió hasta su muerte en 1990.
Marginado por la clase dominante jamas recibió encargo alguno.
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Ciudad Peterlee. Exposición. 1947. |
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Ciudad Peterlee. Vista aérea. 1949. |
Cuando casi cuarenta años después, en 1982, el RIBA le concedió la
medalla de oro no se corto un ápice. Sus palabras fueron :" Una sociedad que cree abiertamente que el presente es
perecedero y que el futuro es incierto crea ininteligibles artistas que tienen que gritar
para ser reconocidos y recordados un cuarto de hora."
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